Rara avis

A la hora de tener que dar una respuesta profesional, instancia muy diferente a lo que se investiga y vivencia en un estudio, solo puedo trabajar en la convicción de que no existen las situaciones ideales. Si se dan, quiere decir que estoy dentro de una excepción.

Obviamente hay elementos imprescindibles que tienen que estar, pero es esta tensión interna de adaptación y supervivencia la que nos distingue en creatividad. Desde el monasterio es más cómodo concluir y profesar. Y eso está más que bien.

La pregunta es cómo lo haremos en medio del chiquero.

En los espacios de la calle, adueñada por el mundo astuto. Bajo cualquier aspecto, uno quiere hacer determinado trabajo, pero muchas veces todo lo que consigue queda en lo tentativo y la aproximación, esperando que florezca y no sea diluido por la necesidad escénica del lugar común. Pecamos de ingenuos porque, pecamos de inteligentes.

¿Cómo es que un artista da sentido a lo que hace sin que tenga un propósito?

Creo que descansar del demandante propósito también concluye en la gente. Lo que hace que ambos puedan vivir. No hay garantías de cuánto se puede lograr, pero sí (aunque el entorno lo desvíe a uno, una y otra vez) nos dirigimos hacia eso. Esto suena a “Conquista de lo inútil” como bien se titula el libro de Herzog, pero es así como la humanidad, no ha perdido el fuego del asombro.

L.R.