Argentinien

Reseña

A una desolada estación de tren llega un nuevo jefe. El personal lo espera con una mezcla de esperanza y temor. Coincidentemente, el Estado Argentino nacionaliza los ferrocarriles. El paisaje es tan desolador como evocativo, y los personajes (Lidia, Fortunato y el Rusito), están absolutamente enquistados en un trasfondo de figuración contradictoria.

Argentinien, en el Teatro Nacional Cervantes

La puesta de Luis Romero sobre texto de Pedro Gundesen, es una evocación histórica de aquellos trenes que alguna vez recuperamos e indaga la soledad de la condición humana.
por Teresa Gatto

“Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada”

Galeano

Arizona, el último andén de uno de los ramales de la Argentine Pacific Railways es el espacio de la soledad en la que los personajes de esta puesta dirimen su miserable existencia. Ellos no lo son, pero no es difícil llevar una vida miserable en un perdido pueblo de una perdida zona de la Argentina de los 40’.

Una mujer boletera que ya vendió mil esperanzas y algo más para salir de ese destino de encierro y clausura de la expectativa, en la piel de Mimí Ardú. Un adolescente que daría cualquier cosa por tener un sobretodo que lo cubra del frío que le muele los huesos, interpretado por Juan Luppi, un Jefe de Estación, en un gran trabajo de Claudio Rissi, que tiene ese sobretodo pero cubierto y todo deja filtrar la desesperanza porque en Arizona, están juntos pero solos. Y cuando llegue el enviado de la Cía. lo estarán aun más, porque Stefan, interpretado sólidamente por Alejandro Awada, no entiende los códigos, desea realizar una tarea tan inútil como cree que son los habitantes de esa estación que como todas es un “no lugar” porque en ellas todo es de paso, de tránsito. En ésta, además todo está inerme, quieto, heladamente paralizado.

La incomprensión del semejante se agudiza cuando se incorpora la figura del extranjero que, si no logra imponer su idea de eficacia, gritará a viva voz “esta estación se cierra”, mientras en la cocina del poder se gesta el recupero de los ferrocarriles hasta entonces en manos extranjeras.

Es muy interesante el uso del dispositivo escénico que Luis Romero vuelve operativo para que sus personajes recorran un espacio en el que saltar las vías no entraña ningún riesgo porque allí no pasa nada. Sólo el frío, el hambre y en manos de la mujer, cierta ilusión de salir de allí para siempre o de cambiar de rango. Pero nada de eso es posible porque el destino está jugado de antemano y el Rusito sentirá frío hasta no sentir más, el extranjero se irá como siempre se marcha el forastero y Lidia, la boletera y Fortunato, el Jefe, quedarán penando la última (¿) pena en Arizona.

Lo que puede ser futuro expira en Arizona y el presente se vuelve angustia porque tapado no prevé futuro y si lo prevé nadie puede verlo. No están solos, dice Gundesen, son solos y su realidad es frágil y Romero consigue llevar esa sensación a escena derrumbando desde el texto, la única esperanza proveniente de una juventud que no puede ser leída, vista ni escuchada.

Logrados trabajos sobre los personajes de una puesta en escena que Romero maneja sutilmente para dejarnos pensando en que el futuro está siendo ahora mismo, ya, y que ensimismados, no lo vemos y se nos escurre de entre las manos.

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Ficha técnico artística

Autor:
Pedro Gundesen

Intérpretes:
Mimí Ardú, Alejandro Awada, Juan Luppi, Claudio Rissi

Vestuario:
Vanesa Abramovich

Escenografía:
Marcelo Valiente

Iluminación:
Marco Pastorino

Música:
Jerónimo Romero

Asistencia de dirección:
Vanesa Campanini

Producción general:
Gabriel Damian Gianola, Ana Riveros

Dirección:
Luis Romero

Fecha estreno 14/02/2013